Pintar “por error”

Nací en Buenos Aires en el año 1947. Un día como cualquier otro, a los 9 años de edad, se me ocurrió pintar un cielo de amarillo. Automáticamente, mi maestra me reprendió: “¡los cielos son azules!”. A los pocos días, a causa de ese “error”, mi madre me envió a un taller de pintura. Gracias a ello, fui atraído por el arte durante el resto de mi vida.

Dentro de mi formación, se destacan mis estudios en los talleres de Ana María Oliva, Carolina Antoniadis y Laura Murlender.

Además, soy ingeniero agrónomo graduado de la Universidad de Buenos Aires y hace más de 30 años trabajo en el área de alimentos orgánicos.

Un método poco convencional

El método que diseñé para crear mi obra se divide en tres pasos.

Todo comienza con una pintura “original”. ¿Por qué las comillas? Porque esta primera pieza no terminará siendo la obra final. En esta instancia incial, tan solo dejo que el pincel cree. Con la abstracción como disparadora, me dejo llevar y planteo un escenario del cual surgirá la transferencia.

Estoy convencido de que mi verdadera obra se esconde en una sección de ese primer esbozo. Por eso, en una segunda instancia, recorro el “original” con una cámara fotográfica. Cuando encuentro en forma consciente la escena estética más acabada para mí, me detengo en ese sector y lo fotografío.

Una vez que obtengo esa fotografía, paso a la instancia final. La misma será impresa en tela a través de complejas impresoras que pueden eyectar hasta 18 colores a la vez. De este modo, no pierdo ni detalle ni tono de aquel “original”. Así, una vez que obtengo esa impresión en tela, sucede la transferencia: la obra final ahora sí está creada.

Contacto

“Pintar es para mí una meditación en movimiento.”

-- Héctor Flesler